jueves, 9 de abril de 2026
miércoles, 8 de abril de 2026
lunes, 6 de abril de 2026
El que venció a la muerte y derribó el muro que separaba a los seres humanos (cf. Ef 2,14) es el Buen Pastor, que da la vida por el rebaño y que tiene muchas ovejas que no son del redil (cf. Jn 10,11.16): Cristo, nuestra paz. Su presencia, su don, su victoria resplandecen en la perseverancia de muchos testigos, por medio de los cuales la obra de Dios continúa en el mundo, volviéndose incluso más perceptible y luminosa en la oscuridad de los tiempos.
El contraste entre las tinieblas y la luz, en efecto, no es sólo una imagen bíblica para describir el parto del que está naciendo un mundo nuevo; es una experiencia que nos atraviesa y nos sorprende según las pruebas que encontramos, en las circunstancias históricas en las que nos toca vivir. Ahora bien, ver la luz y creer en ella es necesario para no hundirse en la oscuridad. Se trata de una exigencia que los discípulos de Jesús están llamados a vivir de modo único y privilegiado, pero que, por muchos caminos, sabe abrirse paso en el corazón de cada ser humano. La paz existe, quiere habitar en nosotros, tiene el suave poder de iluminar y ensanchar la inteligencia, resiste a la violencia y la vence. La paz tiene el aliento de lo eterno; mientras al mal se le grita “basta”, a la paz se le susurra “para siempre”. En este horizonte nos ha introducido el Resucitado. Con este presentimiento viven los que trabajan por la paz que, en el drama de lo que el Papa Francisco ha definido como “tercera guerra mundial a pedazos”, siguen resistiendo a la contaminación de las tinieblas, como centinelas de la noche.
Lamentablemente lo contrario —es decir, olvidar la luz— es posible; entonces se pierde el realismo, cediendo a una representación parcial y distorsionada del mundo, bajo el signo de las tinieblas y del miedo. Hoy no son pocos los que llaman realistas a las narraciones carentes de esperanza, ciegas ante la belleza de los demás, que olvidan la gracia de Dios que trabaja siempre en los corazones humanos, aunque estén heridos por el pecado. San Agustín exhortaba a los cristianos a entablar una amistad indisoluble con la paz, para que, custodiándola en lo más íntimo de su espíritu, pudieran irradiar en torno a sí su luminoso calor. Él, dirigiéndose a su comunidad, escribía así: «Tened la paz, hermanos. Si queréis atraer a los demás hacia ella, sed los primeros en poseerla y retenerla. Arda en vosotros lo que poseéis para encender a los demás». [2]
Ya sea que tengamos el don de la fe, o que nos parezca que no lo tenemos, queridos hermanos y hermanas, ¡abrámonos a la paz! Acojámosla y reconozcámosla, en vez de considerarla lejana e imposible. Antes de ser una meta, la paz es una presencia y un camino. Aunque sea combatida dentro y fuera de nosotros, como una pequeña llama amenazada por la tormenta, cuidémosla sin olvidar los nombres y las historias de quienes nos han dado testimonio de ella. Es un principio que guía y determina nuestras decisiones. Incluso en los lugares donde sólo quedan escombros y donde la desesperación parece inevitable, hoy encontramos a quienes no han olvidado la paz. Así como en la tarde de Pascua Jesús entró en el lugar donde se encontraban los discípulos, atemorizados y desanimados, de la misma manera la paz de Cristo resucitado sigue atravesando puertas y barreras con las voces y los rostros de sus testigos. Es el don que permite que no olvidemos el bien, reconocerlo vencedor, elegirlo de nuevo juntos. (Extracto de Mensaje Papa Leon XIV, del 18 de diciembre de 2025)
domingo, 5 de abril de 2026
viernes, 3 de abril de 2026
jueves, 2 de abril de 2026
Jueves Santo día del Sacerdote
Juntos Oramos
JUEVES 02 DE ABRIL JUEVES SANTO Cuanto más profunda es la oración, más cercano se siente a Dios. Cuando hemos “experimentado” a Dios en nuestras vidas, Él se convierte en “Alguien” con quien salimos al encuentro de los demás. ¿Qué sentido le podemos al lema pastoral de este año “Promover la paz y contagiar esperanza”?
Texto Bíblico: Lectura del evangelio de Juan: “Antes de la fiesta de Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora
de pasar de este mundo al Padre, él, que había amado a los suyos que quedaban
en el mundo, los amó hasta el fin. Durante la Cena, cuando el demonio ya había
inspirado a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarlo,
sabiendo Jesús que el Padre había puesto todo en sus manos y que él había
venido de Dios y volvía a Dios, se levantó de la mesa, se sacó el manto y
tomando una toalla se la ató a la cintura. Luego echó agua en un recipiente y
empezó a lavar los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía
en la cintura.” Palabra
de Dios (Juan 13, 1-5)
BREVE SILENCIO
Reflexión:
El fruto de la oración es amar. La oración abre el corazón del hombre para recibir el amor de Dios, quien pone suavidad donde había violencia, amor y generosidad donde había egoísmo. Dios nos cambia si dejamos que su amor infinito ilumine todos los espacios de nuestra vida y así, con su gracia, contagiamos la esperanza.
Oremos:
1.-
Señor Jesús, ayúdame a contagiar tu esperanza donde quiera que vaya; inúndame
con tu Espíritu y tu vida. Quédate en mi vida, Señor, para que las personas que
tengan contacto conmigo puedan sentirse más confiados y esperanzados. Roguemos
al Señor.
2.- Señor
Jesús, en este jueves santo, quédate conmigo, así podré convertirme en luz para
los otros. Te serviré de instrumento de paz para que Tú ilumines sus vidas a
través de la paz interior que es fruto de tu amor. Roguemos al Señor.
3.- Señor Jesús, ayúdame predicar tu nombre sin
palabras. Con mi ejemplo, con la sobrenatural influencia de tu gracia en mis
gestos y palabras, con la fuerza evidente del amor que Tú me regalas día a día.
Roguemos al Señor.
Santo Domingo de Guzmán. Ruega por
nosotros.
miércoles, 1 de abril de 2026
Juntos Oremos
BREVE SILENCIO
Reflexión:
Judas, como muchos de nosotros, busca su interés
personal, el “qué gano yo”. En nuestra cultura actual estamos muy preocupados
de los derechos, cuáles son “mis derechos” y a veces olvidamos nuestras
responsabilidades (deberes). De esta forma nos traicionamos a nosotros mismos,
porque solo queremos vivir la vida centrada en el “yo”, decidimos solo desde
nosotros mismos, sin hacer referencia al “otro” que también es parte de nuestra
vida y de las decisiones que tomamos.
Oremos:
1.-
Dios
Padre Misericordioso, ayúdanos a mirar la realidad como tú la miras. Danos luz
para reconocer tu presencia en lo que vivimos y en lo que nos rodea. Roguemos
al Señor. 2.- Dios Padre, despójanos de lo que nos paraliza y sacude nuestras
certezas, para empezar de nuevo, más humildes, desde tu verdad. Roguemos al
Señor.
3.- Jesús, Maestro Bueno, haz que conozcamos el don de
tu amistad, vivir por siempre el gozo del perdón, y en tu presencia celebrar
estos días de semana santa. Roguemos al Señor.
4.- Dios, rico en misericordia, ponemos en tus manos
nuestras debilidades, queremos sentirte cercano a nosotros, sentirnos libre
desde tu libertad para ser signos vivos de la fraternidad. Roguemos al Señor.
Santo Domingo de Guzmán. Ruega por
nosotros.






