Muchas gracias a todas las familias que han colaborado... aún nos quedan algunos días para reunir algunas cosas más.
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+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 6, 51-59
Jesús dijo a los judíos:
“Yo soy el pan vivo bajado del
cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que Yo daré es mi
carne para la Vida del mundo”.
Los judíos discutían entre sí, diciendo: “¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?” Jesús les respondió: “Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes.
El que come mi carne y bebe mi
sangre tiene Vida eterna, y Yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne
es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y
bebe mi sangre permanece en mí y Yo en él. Así como Yo, que he sido enviado por
el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come
vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus
padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente”. Jesús enseñaba
todo esto en la sinagoga de Cafarnaúm. Palabra del Señor
Jesús dijo a la gente:
Nadie puede venir a mí, si no
lo atrae el Padre que me envió; y Yo lo resucitaré en el último día.
Está escrito en el libro de
los Profetas: “Todos serán instruidos por Dios”. Todo el que oyó al Padre y
recibe su enseñanza viene a mí. Nadie ha visto nunca al Padre, sino el que
viene de Dios: sólo Él ha visto al Padre.
Les aseguro que el que cree
tiene Vida eterna. Yo soy el pan de Vida. Sus padres, en el desierto, comieron
el maná y murieron. Pero éste es el pan que desciende del cielo, para que aquél
que lo coma no muera.
Yo soy el pan vivo bajado del
cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que Yo daré es mi
carne para la Vida del mundo. Palabra
del Señor
El lunes recién pasado el 4° Medio A, participó de la Eucaristía como curso. En la oportunidad los jóvenes acogieron el Mensaje del Evangelio del discurso del Pan de Vida. Además, acompañados por la comunidad religiosa y algunos docentes, celebraron el encuentro con el Dios de la Vida y el Amor.
Jesús dijo a la gente:
Yo soy el pan de Vida. El que
viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed. Pero ya les
he dicho: ustedes me han visto y sin embargo no creen.
Todo lo que me da el Padre
viene a mí, y al que venga a mí Yo no lo rechazaré, porque he bajado del cielo,
no para hacer mi voluntad, sino la de Aquél que me envió. La voluntad del que
me ha enviado es que Yo no pierda nada de lo que Él me dio, sino que lo
resucite en el último día.
Esta es la voluntad de mi Padre: que el que ve al Hijo y cree en Él, tenga Vida eterna y que Yo lo resucite en el último día. Palabra del Señor
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 6, 30-35
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 24, 13-35
Mientras conversaban y
discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. Pero algo
impedía que sus ojos lo reconocieran. Él les dijo: “¿Qué comentaban por el
camino?”
Ellos se detuvieron, con el
semblante triste, y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió:
“¡Tú eres el único forastero
en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!”
“¿Qué cosa?”, les preguntó.
Ellos respondieron: “Lo
referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en
palabras delante de Dios y de todo el pueblo, y cómo nuestros sumos sacerdotes
y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron.
Nosotros esperábamos que fuera Él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya
van tres días que sucedieron estas cosas. Es verdad que algunas mujeres que
están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro
y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les habían aparecido
unos ángeles, asegurándoles que Él está vivo.
Algunos de los nuestros fueron
al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a Él no lo
vieron”.
Jesús les dijo: “¡Hombres
duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los
profetas! ¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para
entrar en su gloria?” Y comenzando por Moisés y continuando con todos los
profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a Él.
Cuando llegaron cerca del
pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le
insistieron: “Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba” .
Él entró y se quedó con ellos.
Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se
lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero
Él había desaparecido de su vista.
Y se decían: “¿No ardía acaso
nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las
Escrituras?”
En ese mismo momento, se
pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los
Once y a los demás que estaban con ellos, y estos les dijeron: “Es verdad, ¡el
Señor ha resucitado y se apareció a Simón!”
Ellos, por su parte, contaron
lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el
pan.
Palabra del Señor
+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 6, 1-15
Jesús atravesó el mar de Galilea, llamado Tiberíades. Lo seguía una gran multitud, al ver los signos que hacía sanando a los enfermos. Jesús subió a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos.
Al levantar los ojos, Jesús vio que una gran multitud acudía a Él y dijo a Felipe: “¿Dónde compraremos pan para darles de comer?” Él decía esto para ponerlo a prueba, porque sabía bien lo que iba a hacer. Felipe le respondió: “Doscientos denarios no bastarían para que cada uno pudiera comer un pedazo de pan”.
Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: “Aquí hay un niño que tiene cinco panes de cebada y dos pescados, pero ¿qué es esto para tanta gente?” Jesús le respondió: “Háganlos sentar”.
Había mucho pasto en ese lugar. Todos se sentaron y eran unos cinco mil hombres. Jesús tomó los panes, dio gracias y los distribuyó a los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, dándoles todo lo que quisieron.
Cuando todos quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: “Recojan los pedazos que sobran, para que no se pierda nada”. Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos que sobraron de los cinco panes de cebada.
Palabra del Señor
Muchas gracias a todas las familias que han colaborado... aún nos quedan algunos días para reunir algunas cosas más.