Abraham, Sara e Isaac forman una de las familias más
importantes de la Biblia. Dios llamó a Abraham a dejar su tierra y emprender un
camino de fe y confianza.
Después de
una larga espera, nació Isaac, el hijo de la promesa. Su familia, aunque
imperfecta y llena de desafíos, aprendió a confiar en Dios y a caminar según
sus caminos.
¿Qué nos enseña esta familia?
Que ninguna
familia es perfecta. Lo importante es aprender a confiar en Dios, permanecer
unidos y transmitir la fe de una generación a otra.
En este Mes
de la Familia, preguntémonos:
¿Cómo podemos hacer que nuestra familia camine cada día más cerca de Dios?
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