jueves, 30 de abril de 2026

El trabajo: Nuestra huella en el mundo


1. El taller como escuela de vida

Imaginemos a Jesús en el sencillo taller de Nazaret, aprendiendo el oficio de carpintero enseñado con amor por su padre; midiendo un trozo de madera, barriendo el taller o colaborando en los quehaceres del hogar. Allí aprendió de sus padres la fe en Dios y la solidaridad con sus vecinos. Estas acciones las vivió durante treinta años, mucho antes de predicar o hacer milagros. Es en lo cotidiano donde Jesús aprendió y dignificó el valor del trabajo humano.

2. Una labor con valor infinito

San Juan Pablo II nos enseñó que la "Buena Noticia" es que Dios mismo se encarnó y aprendió a trabajar. Esto le da un valor sagrado a lo que hacemos en nuestra comunidad escolar, independientemente de la tarea. Todos los trabajos son valiosos porque Jesús, el carpintero de Nazaret, los santificó. Esto incluye el trabajo formal, pero también el quehacer de la casa, el estudio de los alumnos y toda obra voluntaria o pastoral.

3. ¿Qué persona estoy construyendo?

El trabajo no es solo un medio para ganar dinero u obtener una nota; es el camino para convertirnos en mejores personas. Por eso, al realizar cualquier labor, vale la pena preguntarnos:

  • ¿Qué tipo de persona estoy construyendo al hacer esto?
  • ¿Soy alguien honesto y servicial?
  • ¿Pongo amor y alegría en lo que hago?
  • ¿Estudio solo por la nota o estudio para aprender más y servir mejor?

4. Nuestro Sello Dominicano

Estamos llamados a vivir una espiritualidad donde el trabajo tenga un sello profundamente humano. La palabra clave es la solidaridad. Nuestro pilar dominicano de Comunidad promueve el respeto y la fraternidad, algo que concretamos en gestos sencillos, como el saludo respetuoso entre todos: desde la rectoría y los docentes hasta los asistentes, auxiliares, apoderados y estudiantes. Así, hacemos del colegio un lugar donde se vive el Evangelio al estilo de Jesús.

5. Consagrar el esfuerzo y el descanso

Es por esto que, al iniciar cada jornada, nos detenemos para orar y ofrecer nuestro estudio y labor a Dios. Y al terminar el día, podemos regresar a casa viviendo el descanso justo de quien sabe que ha dado lo mejor de sí.

Entrega de donaciones a Sanatorio Neurosiquiátrico de Chiguayante

En la mañana de este día jueves, el equipo de pastoral, llevó a Sanatorio Neurosiquiátrico, las donaciones reunidas por Familias, Padres y Apoderados, Docentes, Administrativos y Auxiliares de nuestra Comunidad Educativa y Pastoral. 

Todo el material reunido fue entregado a las encargadas de dicha clínica.

Agradecemos a cada una de las familias y funcionarios que se han hecho parte de esta campaña.



Campaña Sanatorio Neurosiquiátrico


 

Encuentro de Padres y Jóvenes de Confirmación de Primer año

En la tarde de ayer, miércoles 29 de abril, se realizó un encuentro de Padres y Jóvenes de Confirmación de Primer año, con el objeto de Reflexionar sobre las motivaciones del proceso que están iniciando: Junto con ello, coordinar y acoger normas formativas y de criterios generales de buen funcionamiento del proceso de Catequesis de Confirmación, junto a la orientación respecto de los roles de los Padres, Jóvenes y Catequistas.



martes, 28 de abril de 2026

Eucaristía Comunitaria

El Domingo recién pasado participamos de la Eucaristía Comunitaria en templo Santo Domingo. Junto a las familias, compartimos junto a la comunidad del Templo Santo Domingo, en torno al mensaje del Buen Pastor, que nos llama a seguir a Jesús, reconociendo su voz.







Eucaristía de curso

 El día lunes 27 de abril, el curso 2° Medio A, junto a su profesor Jefe, Sr. Percy Rocha, participaron de la Eucaristía de curso, organizada por los propios estudiantes acompañados del Equipo Pastoral. En la Homilía, se destacó la importancia de reconstruir y cimentar todos nuestros aprendizajes y vida en la Roca firme que es Jesús.














viernes, 24 de abril de 2026

Campañana solidaria

Muchas gracias a todas las familias que han colaborado... aún nos quedan algunos días para reunir algunas cosas más.




 

Eucaristía Comunitaria Domingo 26 de abril a las 12:00 horas


 

Mi carne es la verdadera comida, y mi sangre, la verdadera bebida

 + Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 6, 51-59

Jesús dijo a los judíos:

“Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que Yo daré es mi carne para la Vida del mundo”.

Los judíos discutían entre sí, diciendo: “¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?” Jesús les respondió: “Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes.

El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y Yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y Yo en él. Así como Yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente”. Jesús enseñaba todo esto en la sinagoga de Cafarnaúm. Palabra del Señor

jueves, 23 de abril de 2026

Yo soy el pan vivo bajado del cielo

 


+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 6, 44-51

Jesús dijo a la gente:

Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió; y Yo lo resucitaré en el último día.

Está escrito en el libro de los Profetas: “Todos serán instruidos por Dios”. Todo el que oyó al Padre y recibe su enseñanza viene a mí. Nadie ha visto nunca al Padre, sino el que viene de Dios: sólo Él ha visto al Padre.

Les aseguro que el que cree tiene Vida eterna. Yo soy el pan de Vida. Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron. Pero éste es el pan que desciende del cielo, para que aquél que lo coma no muera.

Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que Yo daré es mi carne para la Vida del  mundo. Palabra del Señor

miércoles, 22 de abril de 2026

Eucaristía de Cuarto Medio A

El lunes recién pasado el 4° Medio A, participó de la Eucaristía como curso. En la oportunidad los jóvenes acogieron el Mensaje del Evangelio del discurso del Pan de Vida. Además, acompañados por la comunidad religiosa y algunos docentes, celebraron el encuentro con el Dios de la Vida y el Amor.







 

Esta es la voluntad de mi Padre, que el que ve al Hijo tenga Vida eterna

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 6, 35-40

Jesús dijo a la gente:

Yo soy el pan de Vida. El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed. Pero ya les he dicho: ustedes me han visto y sin embargo no creen.

Todo lo que me da el Padre viene a mí, y al que venga a mí Yo no lo rechazaré, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la de Aquél que me envió. La voluntad del que me ha enviado es que Yo no pierda nada de lo que Él me dio, sino que lo resucite en el último día.

Esta es la voluntad de mi Padre: que el que ve al Hijo y cree en Él, tenga Vida eterna y que Yo lo resucite en el último día. Palabra del Señor



martes, 21 de abril de 2026

No es Moisés el que les dio el verdadero pan del cielo, sino mi Padre

 + Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 6, 30-35

 La gente preguntó a Jesús:

 “¿Qué signos haces para que veamos y creamos en ti? ¿Qué obra realizas? Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como dice la Escritura:

 “Les dio de comer el pan bajado del cielo’”.

 Jesús respondió:

 “Les aseguro que no es Moisés el que les dio el pan del cielo; mi Padre les da el verdadero pan del cielo; porque el pan de Dios es el que desciende del cielo y da Vida al mundo”. Ellos le dijeron: “Señor, danos siempre de ese pan”. Jesús les respondió:

 “Yo soy el pan de Vida.

 El que viene a mí jamás tendrá hambre; el que cree en mí jamás tendrá sed”.

 
Palabra del Señor

sábado, 18 de abril de 2026

Los discípulos de Emaús al atardecer


 

Lo reconocieron al partir el Pan

 + Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas 24, 13-35

 El primer día de la semana, dos de los discípulos iban a un pequeño pueblo llamado Emaús, situado a unos diez kilómetros de Jerusalén. En el camino hablaban sobre lo que había ocurrido.

Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió caminando con ellos. Pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran. Él les dijo: “¿Qué comentaban por el camino?”

Ellos se detuvieron, con el semblante triste, y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió:

“¡Tú eres el único forastero en Jerusalén que ignora lo que pasó en estos días!”

“¿Qué cosa?”, les preguntó.

Ellos respondieron: “Lo referente a Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras delante de Dios y de todo el pueblo, y cómo nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para ser condenado a muerte y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que fuera Él quien librara a Israel. Pero a todo esto ya van tres días que sucedieron estas cosas. Es verdad que algunas mujeres que están con nosotros nos han desconcertado: ellas fueron de madrugada al sepulcro y al no hallar el cuerpo de Jesús, volvieron diciendo que se les habían aparecido unos ángeles, asegurándoles que Él está vivo.

Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y encontraron todo como las mujeres habían dicho. Pero a Él no lo vieron”.

Jesús les dijo: “¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías soportara esos sufrimientos para entrar en su gloria?” Y comenzando por Moisés y continuando con todos los profetas, les interpretó en todas las Escrituras lo que se refería a Él.

Cuando llegaron cerca del pueblo adonde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le insistieron: “Quédate con nosotros, porque ya es tarde y el día se acaba” .

Él entró y se quedó con ellos. Y estando a la mesa, tomó el pan y pronunció la bendición; luego lo partió y se lo dio. Entonces los ojos de los discípulos se abrieron y lo reconocieron, pero Él había desaparecido de su vista.

Y se decían: “¿No ardía acaso nuestro corazón, mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?”

En ese mismo momento, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén. Allí encontraron reunidos a los Once y a los demás que estaban con ellos, y estos les dijeron: “Es verdad, ¡el Señor ha resucitado y se apareció a Simón!”

Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Palabra del Señor

viernes, 17 de abril de 2026

Un niño se acercó con cinco panes y dos pescados


 

Distribuyó a los que estaban sentados, dándoles todo lo que quisieron

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 6, 1-15

Jesús atravesó el mar de Galilea, llamado Tiberíades. Lo seguía una gran multitud, al ver los signos que hacía sanando a los enfermos. Jesús subió a la montaña y se sentó allí con sus discípulos. Se acercaba la Pascua, la fiesta de los judíos.

Al levantar los ojos, Jesús vio que una gran multitud acudía a Él y dijo a Felipe: “¿Dónde compraremos pan para darles de comer?” Él decía esto para ponerlo a prueba, porque sabía bien lo que iba a hacer. Felipe le respondió: “Doscientos denarios no bastarían para que cada uno pudiera comer un pedazo de pan”.

Uno de sus discípulos, Andrés, el hermano de Simón Pedro, le dijo: “Aquí hay un niño que tiene cinco panes de cebada y dos pescados, pero ¿qué es esto para tanta gente?” Jesús le respondió: “Háganlos sentar”.

Había mucho pasto en ese lugar. Todos se sentaron y eran unos cinco mil hombres. Jesús tomó los panes, dio gracias y los distribuyó a los que estaban sentados. Lo mismo hizo con los pescados, dándoles todo lo que quisieron.

Cuando todos quedaron satisfechos, Jesús dijo a sus discípulos: “Recojan los pedazos que sobran, para que no se pierda nada”. Los recogieron y llenaron doce canastas con los pedazos que sobraron de los cinco panes de cebada.

 Al ver el signo que Jesús acababa de hacer, la gente decía: “Éste es, verdaderamente, el Profeta que debe venir al mundo”. Jesús, sabiendo que querían apoderarse de Él para hacerlo rey, se retiró otra vez solo a la montaña.

Palabra del Señor

martes, 14 de abril de 2026

Eucaristía de curso !° Medio A

El día de ayer, lunes 13 de abril, el 1° Medio A, como curso celebró la Eucaristía la cual fue presidida por P. Daniel Godoy O.P, quien en su homilía invitó a los jóvenes a no tener miedo al cambio y a mirarlo como parte de la vida cotidiana, y siempre en la compañía de Jesús.




















sábado, 11 de abril de 2026

 


Señor mío y Dios mío

 + Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 20, 19-31
Al atardecer del primer día de la semana, los discípulos se encontraban con las puertas cerradas por temor a los judíos. Entonces llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo:
“¡La paz esté con ustedes!”
Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.
Jesús les dijo de nuevo: “¡La paz esté con ustedes!
Como el Padre me envió a mí, Yo también los envío a ustedes” .
Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió:
“Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan” .
Tomás, uno de los Doce, de sobrenombre el Mellizo, no estaba con ellos cuando llegó Jesús.
Los otros discípulos le dijeron: “¡Hemos visto al Señor!”
Él les respondió: “Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré”.
Ocho días más tarde, estaban de nuevo los discípulos reunidos en la casa, y estaba con ellos Tomás. Entonces apareció Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio de ellos y les dijo: “¡La paz esté con ustedes!” 
Luego dijo a Tomás: “Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe” .
Tomás respondió:
“¡Señor mío y Dios mío!” Jesús le dijo: “Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!”
Jesús realizó además muchos otros signos en presencia de sus discípulos, que no se encuentran relatados en este Libro. Estos han sido escritos para que ustedes crean que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y creyendo, tengan Vida en su Nombre.
Palabra del Señor


 

viernes, 10 de abril de 2026


 

REFLEXIÓN: El latido de lo humano: Recuperar el centro personal en la era del algoritmo y el ruido

En el pulso implacable de nuestra era digital, parecemos atrapados en una "sociedad líquida" que fluye sin cauce. Corremos a una velocidad vertiginosa sin saber exactamente hacia qué meta nos dirigimos, convertidos en consumidores seriales de estímulos que se evaporan apenas los tocamos. Entre el estrépito de las notificaciones y la fragmentación de nuestra identidad en perfiles virtuales, surge una inquietud que no puede resolverse con una actualización de software: en este mundo que nos empuja a vivir hacia afuera, ¿dónde queda el lugar de nuestra verdad, ese rincón de síntesis donde realmente habitamos?

 

La respuesta que nos ofrece la sabiduría cristiana no es un concepto abstracto, sino un retorno urgente al corazón, el único centro capaz de unificar los fragmentos dispersos de nuestra historia.

1. El Corazón frente al Algoritmo: La libertad de lo impredecible

Vivimos bajo la vigilancia de sistemas que pretenden conocernos mejor que nosotros mismos. Los algoritmos analizan nuestras búsquedas y predicen nuestra voluntad, estandarizando nuestros deseos hasta hacernos creer que somos solo una suma de datos. Sin embargo, existe un refugio que escapa a cualquier línea de código: el Sagrado Corazón.

El corazón es el lugar donde se configura nuestra identidad espiritual. Es el núcleo de la libertad humana porque es, por esencia, único e impredecible. Mientras que el mundo digital puede mapear nuestros hábitos, no tiene acceso a ese centro unificador donde se fraguan las decisiones que dan sentido a la vida.

"El algoritmo en acto en el mundo digital muestra que nuestros pensamientos y lo que decide la voluntad son mucho más 'estándar' de lo que creíamos. Son fácilmente predecibles y manipulables. No así el corazón".

2. La "Mentira" de la Superficialidad: Sustancia contra apariencia

Existe una metáfora tan sencilla como profunda: la de las galletas "mentiras". Son masas que se inflan al freírlas, pareciendo grandes y sólidas, pero que al morderlas se revelan huecas y sin sustancia. En nuestra cultura del scroll infinito, corremos el riesgo de convertir nuestra propia vida en una de esas galletas: cuidando meticulosamente el perfil social mientras el interior se vacía.

Nuestra verdadera identidad suele estar oculta bajo mucha "hojarasca": ese ruido exterior y ese disimulo que nos aleja de nosotros mismos. En el corazón, sin embargo, no se puede engañar ni disimular; allí reside nuestra verdad desnuda. Solo desde esa sinceridad absoluta es posible construir un proyecto de vida sólido, pues nada que valga la pena se sostiene sobre el vacío de la pura apariencia.

3. Lo Ordinario-Extraordinario: La ternura que nos salva

Para salvar lo humano frente al avance de una inteligencia artificial fría y procesal, debemos rescatar la poesía de lo pequeño. Hay detalles que constituyen nuestra esencia y que ninguna máquina podrá albergar jamás, porque no son datos, sino ternura guardada en los recuerdos. Estos gestos "ordinario-extraordinarios" son los que realmente sustentan nuestras biografías:

El uso del tenedor para sellar con cuidado los bordes de unas empanadillas en la cocina de la abuela.

El primer partido de fútbol jugado con una pelota de trapo.

Esa flor seca que guardamos entre las páginas de un libro como testigo de un afecto.

Calcar un dibujo a contraluz de una ventana.

Pedir un deseo al deshojar una margarita.

Estos momentos son la base de nuestra identidad porque están impregnados de un amor que el código no puede sentir. Son los fragmentos de nuestra historia que nos recuerdan que estamos hechos para algo más que procesar información.

4. Dios como un "Tú" Personal: La lógica del fuego

Frente a la frialdad de los sistemas abstractos y los conceptos lejanos, el corazón nos revela que la fe no es un ejercicio intelectual, sino un encuentro. Dios se nos presenta como un "Abba" (Papito), ofreciendo una amistad que nos constituye como personas.

Siguiendo la sabiduría de San Buenaventura, en la vida espiritual no hay que preguntar a la luz, sino al fuego. El Corazón de Cristo no es una idea, sino un horno ardiente de amor que debe pasar del intelecto al afecto. Aquí es donde cobra vida el lema de San John Henry Newman: Cor ad cor loquitur (el corazón habla al corazón). Solo en ese diálogo íntimo, de "Tú" a "Tú", la persona encuentra la verdadera paz que los eventos del momento no pueden alterar.

5. Reparar el Mundo: Hacia una civilización del amor

Recuperar el centro personal no es un acto de egoísmo; al contrario, tiene consecuencias sociales obligatorias. El mundo actual está herido por las guerras y los desequilibrios, frutos de un desequilibrio fundamental que nace en el corazón humano. Por eso, la verdadera reparación no es un ritual vacío, sino el compromiso de construir sobre las ruinas dejadas por el odio.

La conversión del corazón nos impulsa a luchar contra las "estructuras de pecado" y la indiferencia. Reparar el mundo hoy significa reconocer la dignidad del otro, especialmente del más débil, y entender que la justicia sin el fuego del amor termina siendo una estructura fría. Estamos llamados a crear una civilización del amor donde el corazón sea el motor de la historia.

 

Conclusión: Una Invitación a la Pausa Interior

El mundo actual sobrevive entre el consumismo y el uso a veces deshumanizante de la tecnología. En este escenario, el amor es lo único que puede unificar los fragmentos de nuestra historia y darnos una identidad plena y luminosa.

En medio del ruido y la velocidad digital, te invito a detenerte y descender a lo más hondo de tu ser para enfrentar la pregunta más decisiva: "¿Tengo corazón?". De la respuesta a este interrogante depende nuestra capacidad de reinventar el amor y recuperar, por fin, nuestra humanidad.


jueves, 9 de abril de 2026

La Paz esté con ustedes

En el día de hoy, en la octava de Pascua, los estudiantes de los cursos pequeños participaron de un momento de Oración Pascual.

Primero lo hicieron los estudiantes de 1° Básico a 4° Básico, a las 08:10 y luego los niños del Parvulario.

"La Paz esté con ustedes", es el mensaje que Jesús quiere compartir, al igual que como lo hizo con sus discípulos. Paz que como misioneros y discípulos debemos cultivar.

Oración de Pascua









 

Nuestro caminar

Cruz de mayo

 Jóvenes de Segundo año de Confirmación, revivieron una tradición de la zona central de nuestro país, como es la Cruz de mayo. Catequistas y...