Domi junto a Pily y Pepe, visitaron a San José y a Jesús, mientras le enseñaba el oficio de carpinterio, allí fueron a su taller y compartieron con ellos un hermoso momento.
Los dos evangelistas que evidenciaron su figura, Mateo y
Lucas, refieren poco, pero lo suficiente para entender qué tipo de padre fuese
y la misión que la Providencia le confió.
Sabemos que fue un humilde carpintero (cf. Mt 13,55),
desposado con María (cf. Mt 1,18; Lc 1,27); un «hombre justo» (Mt 1,19),
siempre dispuesto a hacer la voluntad de Dios manifestada en su ley (cf. Lc
2,22.27.39) y a través de los cuatro sueños que tuvo (cf. Mt 1,20; 2,13.19.22).
Después de un largo y duro viaje de Nazaret a Belén, vio nacer al Mesías en un
pesebre, porque en otro sitio «no había lugar para ellos» (Lc 2,7). Fue testigo
de la adoración de los pastores (cf. Lc 2,8-20) y de los Magos (cf. Mt 2,1-12),
que representaban respectivamente el pueblo de Israel y los pueblos paganos.
Tuvo la valentía de asumir la paternidad legal de Jesús,
a quien dio el nombre que le reveló el ángel: «Tú le pondrás por nombre Jesús,
porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1,21). Como se sabe, en los
pueblos antiguos poner un nombre a una persona o a una cosa significaba
adquirir la pertenencia, como hizo Adán en el relato del Génesis (cf. 2,19-20).
