1. El taller como escuela de vida
Imaginemos a Jesús en el sencillo taller de Nazaret, aprendiendo el oficio de carpintero enseñado con amor por su padre; midiendo un trozo de madera, barriendo el taller o colaborando en los quehaceres del hogar. Allí aprendió de sus padres la fe en Dios y la solidaridad con sus vecinos. Estas acciones las vivió durante treinta años, mucho antes de predicar o hacer milagros. Es en lo cotidiano donde Jesús aprendió y dignificó el valor del trabajo humano.
2. Una labor con valor infinito
San Juan Pablo II nos enseñó que la "Buena Noticia"
es que Dios mismo se encarnó y aprendió a trabajar. Esto le da un valor sagrado
a lo que hacemos en nuestra comunidad escolar, independientemente de la tarea.
Todos los trabajos son valiosos porque Jesús, el carpintero de Nazaret, los
santificó. Esto incluye el trabajo formal, pero también el quehacer de la casa,
el estudio de los alumnos y toda obra voluntaria o pastoral.
3. ¿Qué persona estoy construyendo?
El trabajo no es solo un medio para ganar dinero u obtener
una nota; es el camino para convertirnos en mejores personas. Por eso, al
realizar cualquier labor, vale la pena preguntarnos:
- ¿Qué
tipo de persona estoy construyendo al hacer esto?
- ¿Soy
alguien honesto y servicial?
- ¿Pongo
amor y alegría en lo que hago?
- ¿Estudio
solo por la nota o estudio para aprender más y servir mejor?
4. Nuestro Sello Dominicano
Estamos llamados a vivir una espiritualidad donde el trabajo
tenga un sello profundamente humano. La palabra clave es la solidaridad.
Nuestro pilar dominicano de Comunidad promueve el respeto y la fraternidad,
algo que concretamos en gestos sencillos, como el saludo respetuoso entre
todos: desde la rectoría y los docentes hasta los asistentes, auxiliares,
apoderados y estudiantes. Así, hacemos del colegio un lugar donde se vive el
Evangelio al estilo de Jesús.
5. Consagrar el esfuerzo y el descanso
Es por esto que, al iniciar cada jornada, nos detenemos para
orar y ofrecer nuestro estudio y labor a Dios. Y al terminar el día, podemos
regresar a casa viviendo el descanso justo de quien sabe que ha dado lo mejor
de sí.